Cambio de residencia y su efecto en la personalidad

A menudo imagino lo increible que sería el poder recordar absolutamente todas las experiencias tal y como sucedieron, así como las emociones y percepciones a su alrededor.

Tuve una infancia muy feliz, como todo ser humano debiera de tener. Considero que fui un niño normal, tuve muchos amigos y amigas. Me considero afortunado por el hecho de haber sido un niño con mucha seguridad y de sentirme amado. Sin embargo justo cuando iba a cumplir los 7 años sucedió algo que me golpeó tan fuerte que sentí que movió incluso los cimientos de mi seguridad, sentía que sobre mi vida se venía un cambio tan grande y pesado que me sofocaba. Llegaba en las tardes de la escuela y me metía en mi recámara a llorar, había platicado con mis papás pero no entendía cómo era posible que ibamos a mudarnos a un país que se llamaba Guatemala. Poco sabía sobre Guatemala salvo lo que un niño escucha eventualmente en las noticias, guerrilla en Honduras, El Salvador, Guatemala … De hecho no me preocupaba o más bien no entendía el hecho de vivir en un lugar con guerra, incluso con cierta inestabilidad social. Más bien no me interesaba nada más que vivir en un mundo que era amable para conmigo, un mundo donde yo era feliz. No me cabía en la cabeza que mis papás quisieran mudarse de país únicamente porque deseaban intentar crear una empresa en otro país. Hay una canción de Rod Steward que me parece muy apropiada “I wish what I knew what I know now when I was younger”, pero el hecho es que en aquel entonces no sabía lo que sé ahora y por lo mismo sentía que había sido traicionado y acorralado de modo que la única salida era dentro de menos de 3 meses hacia un lugar que me aterrorizaba.

El miedo que sentía me paralizó socialmente de modo que veía cómo se me venía encima el tiempo en forma de un animal aterrador que con sus patas destruía el mundo que tanto amaba, haciendo un ruido tan fuerte con las palabras emocionadas de mis papás que cada día nos recordaban lo que iba a suceder, y lo peor era que todo el animal en sí representaba el miedo de la incertidumbre. La inseguridad que crecía primero con el miedo de lo desconocido, en segundo lugar con el miedo de ser aceptado en un grupo nuevo y en último lugar, y mucho más impactante para mi, la posiblidad siempre abierta de que el cambio volviera a suceder. Soy mexicano y en ese momento la posiblidad de volver a mi país -aunque era un país en el que hasta entonces sólo había vivido mis primeros 2 años- se materializó ante mi como un animal aún más temible. Si en los cuatro años que estuve fuera del país después de haber terminado la carrera esa realidad se hubiera materializado ante mí las cosas habrían sido mucho muy distintas; y no quiero que se me malinterprete, amo México y todo lo que engloba (gente, cultura, comida, ideosincracia, historia, geografía, música, posibilidades y hasta sus símbolos), pero dado que para cualquier decisión “el hombre es él mismo y su entorno de tiempo, presiones y vivencias”, y en mi caso mi mundo estaba físicamente en San José, al menos Guatemala estaba geográficamente más cerca de Costa Rica.

Eventualmente salimos también de Guatemala para regresar al país.

Aunque sé bien que prácticamente todo en la sociedad funciona como un sistema y que también existieron otras situaciones que tuvieron efectos en mi personalidad, estoy convencido que el cambio de residencia fue un factor con un efecto negativo en mi personalidad, específicamente en la parte social. La vida cambia y a veces hay que tomar decisiones como las que tomaron mis papás, pero en el caso de que yo tenga que tomar decisiones similares en mi vida quiero que mis hijos tomen un papel mucho más activo y además conversar mucho con ellos para minimizar el impacto que los cambios de residencia tienen en los niños.

Tampoco quiero ser injusto con mis papás, después de todo nadie nos enseña a ser padres y en el caso de ellos nunca tuvieron un cambio de residencia salvo cambios de colonia dentro de la misma ciudad.

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